martes, 2 de marzo de 2010


... Sus manos se postraron delicadamente sobre mi espalda; su cuerpo comenzó a fundirse con el mío, su respiración agitada, su piel empapada, su aroma impregnado ahora en aquellas sabanas blancas sobre las que nuestros cuerpos desnudos posaban; como una obra de arte, amor y pasión hechos un retrato viviente; la perfecta unión de dos almas que añoran por un instante convertirse en una sola, compartida, de nuevo sentí el calor de su piel, sus manos tersas que recorrían con ternura y delicadeza mi piel desnuda, mi pecho agitado, mi cuerpo complacido y saciado de caricias, busco mi rostro, toco mis labios con sus manos, acaricio mi cabello con sus anhelos, observo mis ojos, y miro en ellos algo que hacía mucho tiempo no veía, aquella luz que se había apagado con el paso de los años, con el ir y venir de los recuerdos, y con el olvido de los sueños; de pronto una briza cubrió nuestros cuerpos, aun agotados, me tomo entre sus brazos, y me sostuvo pegada a su pecho, mientras mis ojos cansados peleaban por permanecer abiertos, y así poder cautivar el momento, tomo la sabana; cubrió mi cuerpo y se alejo despacio, procurando no despertarme de nuevo, se postro frente a la ventana, inmóvil, solo mirando hacia el horizonte, la luz de la luna alumbraba su rostro, pude distinguir su delicada nariz, sus hermosos ojos y sus dulces labios, me inspiraba confianza, parado en las sombras seguía inerte, tranquilo...

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